2019. MIS LOGROS GENEALÓGICOS PERSONALES

 

 

Me despido  de este año feliz, por haber conseguido importantes avances en mi genealogía. Ha sido bonito encontrar en la vorágine del día a día, un poco de tiempo y recursos para mí.  Por fin, puedo desterrar de mi sistema de creencias, el refrán que dice: “En casa de herrero, cuchillo de palo”.  

 

Ahí va, una selección de mis logros genealógicos. El año que viene seguro que habrá más.

 

 

 

1. Los libros parroquiales de Castro Caldelas

 

 

En primavera de este año, visité Castro Caldelas. Abrigaba la esperanza de consultar los libros parroquiales la villa, para completar capítulos importantes de mi historia familiar. Tuve una pequeña conversación con el párroco, que tuvo como respuesta un no. Seis meses más tarde, los libros fueron finalmente transferidos al Archivo Diocesano de Ourense, por jubilación.  Cuento los días para por fin pasear por la historia de mi bisabuelo Andrés y su familia. A veces, en nuestras investigaciones, nos encontramos con muros de piedras infranqueables. Otras veces, esos muros se desploman.

 

 

 

 

 

2. Gerardo. Santa Bárbara, bendita

 

 

Cuando hablamos de emigración, siempre hay historias de ganadores y de perdedores. La de Gerardo podría ser la de un «looser». El hermano de mi bisabuela, Luisa murió, un 20 de diciembre de 1960, en el Hospital de Mineros, de Raton, en Nuevo México, solo y lejos, lejos de su hogar.  Había trabajado en las minas de carbón de esta localidad, desde su llegada a Estados Unidos, a finales del S.XIX. Con sus dólares, se construyó la casa de mis bisabuelos. Una casa paraíso en la que siempre me sentí bien y salvo, desconocedora de la suerte de Gerardo.  Él nunca tuvo nadie a quien cantarle: “Mirai Maruxiña» , cuando regresaba de la mina. El día de verano, en que conseguí su certificado de defunción fue muy emocionante. Por fin había un poco más de luz, en la vida de este hombre, gracias a la ayuda inestimable de una genealogista profesional. Porque incluso, las genealogistas podemos tener la necesidad de poner una genealogista en nuestras vidas.            

 

 

 

 

 

 

 

3. Una de tatarabuelas. Antonia «la obstinada e impenitente”

 

 

En noviembre, decidí dedicar un poco más de tiempo a mi genealogía. Cuando investigaba en los libros parroquiales de Santa María de Abeleda (A Teixeira), me encontré con un bonito regalo. Se trataba de la partida de defunción de mi tatarabuela Antonia, que había fallecido en 1874, escribía el cura obstinada e impenitente, que no quiso hacer las debidas disposiciones ni recibirlas, a pesar de haberla exhortado yo por dos veces y otros paisanos de mi mandato.  Me encantó descubrir este gesto de rebeldía, en una de mis antepasadas. Era la primera vez en mi vida, que leía algo parecido escrito de puño y letra, por un párroco. Claro que pocos meses antes, su hijo Bernardo había asaltado la casa del cura.  Bernardo era el jefe de gavilla, dicen.

 

 

 

 

 

 

4. Bernardo. El eterno fugitivo

 

 

Bernardo, el hijo de Antonia, es un personaje mítico de mi familia paterna. Cuando pienso en él, recuerdo a mi padre recitando los versos de: “Que es mi barco, mi tesoro, que es mi Dios, la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar”. Bernardo no fue un pirata, pero sus historias de hábil fugitivo lo equiparan al pirata de Espronceda. Fue divertido y sorprendente al mismo tiempo descubrir, en una visita al Archivo Histórico Diocesano de Ourense, que este hombre había nacido  un 21/06. En 21/06 de junio también nació mi hermana, una de las personas de mi familia que más ama la libertad.     La libertad es un valor importante para nosotras.

 

 

 

 

 

 

5. El abrigo de mi tía Lola. Un legado inesperado

 

 

 

Cuatro hermanos y hermanas de mi abuela materna emigraron a Estados Unidos. Una de ellas fue mi tía Lola, que vivió en Nueva York, una gran parte de su vida. Pude rastrear sus idas y venidas en las listas de pasajeros, de la Isla de Ellis.  Su visita en los años ochenta, me impresionó profundamente. Se convirtió en una especie de modelo, que despertó en mí el interés por los idiomas y por los viajes. En el mes de noviembre, su abrigo hecho a medida en una boutique de Manhattan, llegó inesperadamente a mis manos. ¡Un bonito legado, que me conecta con ella! Me pregunto qué cosas tiene que contarme.     

 

 

 

 

 

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