CANCIONES PARA ACOMPAÑAR EN EL LECHO DE MUERTE

Lhasa de Sela murió en Montreal en 2010, a consecuencia de un cáncer, con tan solo treinta y siete años. Sus padres le llamaron Lhasa por sus ojos achinados, pero también porque se sentían profundamente atraídos por la filosofía oriental y por la idea de inmortalidad del alma del budismo tibetano. La cantante y compositora creía firmemente que la muerte no era el fin. Esta creencia se materializó en dos canciones de estremecedora belleza que Lhasa de Sela cantaba con valentía en sus conciertos: “Soon the space will be too small” y “I´m going in”.

 

 

 

 

En los últimos días de la vida de mi padre, yo recitaba la letra de estas canciones como un mantra, cada vez que tomaba su mano y observaba con ternura sus ojos achinados. Hubo ocasiones, en que me atreví a cantarlas tímidamente, para que sintiese que estaba allí. Ahora que se ha ido, sólo me queda la música y la presencia invisible de mi padre. 

 

 

 

 

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