EL CEMENTERIO ALEGRE. TURISMO NECROLÓGICO

 

 

 

Hoy quiero hablaros de uno de los cementerios más bonitos del mundo: el Cementerio Alegre. Este cementerio está en el pequeño pueblo de Sapanta, en Maramures, al norte de Rumanía. Tuve la suerte de visitarlo hace ya mucho tiempo, en un viaje que hice a Rumanía y Bulgaria.

 

 

Por aquel entonces, todavía no era genealogista, pero ya amaba los cementerios. Para mí era natural que pudiesen formar parte de una ruta turística. En definitiva, era necroturista sin saberlo. ¿Será porque soy gallega? Recuerdo que cuando mis amigos y amigas visitaban Castro Caldelas, el pueblo de mi madre, siempre les llevaba al cementerio situado en la zona del castillo. Es realmente un cementerio con vistas.  Y que cuando visité por primera vez, Vilar de Barrio, con una de mis mejores amigas, ella también me llevó al lugar donde descansaban los suyos, para enseñarme los trabajos de cantería.  Así que cuando viajé a Maramures, no tuve la menor duda, de que valdría la pena dedicarle un día a este cementerio tan especial. 

 

 

 

 

 

 
 
Cementerio en Castro Caldelas

 

 

 

 

Lo peculiar de este lugar es que todas las lápidas están hechas en madera tallada, con imágenes que describen la vida del difunto o de la difunta o las circunstancias de su muerte y un bonito epitafio, escrito en primera persona. El color dominante es el azul, que simboliza el cielo.

 

 

El culpable de la existencia de este lugar es el artista local Stan Ion Patras (1908-1977), que también descansa aquí.   En 1935, escribió los primeros epitafios. Poco a poco fue añadiendo imágenes, hasta llegar a las setecientas tumbas. Paseando entre ellas, puedes ser testigo de que cómo han cambiado las formas de vivir y morir. 

 

 

 

 

 
Lápida en el Cementerio Alegre. Niña atropellada por un coche

 

 

 

 

 

Esto me recuerda una anotación que encontré hace unos meses, cuando investigaba en el Archivo Diocesano de Lugo, y que dice así: “En el día catorce de mayo de mil ochocientos setenta y cinco se dio sepultura en el cementerio de la iglesia parroquial de San Roman de Mao al cadáver de Ignacio García, marido de Úrsula Saavedra, vecinos de Pacios en San Román, el cual falleció repentinamente bajando del monte que llaman Castrilín, con un carro de retama en compañía de su consorte y de su hijo Manuel. No hizo testamento ni recibió auxilio espiritual alguno… “. Libro de Difuntos de Santa María de Mao (1855-1883)

 

 

Si Patras tuviese que tallar la lápida de este hombre, estoy segura de que escogería ese momento: padre, madre e hijo bajando del monte y el carro tirado por un animal. Una forma de morir de otros tiempos… Un tiempo en el que aún no había tractores.

 

 

 

 

¿Tú también eres necroturista? ¿O eres de esas personas que evita entrar en un cementerio? Si pudieses recomendar la visita a algún cementerio, ¿cúal recomendarías?

 

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