LA MISTERIOSA MUERTE DEL HOMBRE QUE MEDICINABA ENFERMOS

 

 

Hace unos meses, cuando investigaba en los libros parroquiales de Santiago de Covas, en Baralla, encontré una extraña anotación.

 

 

 

Se trataba de la muerte de un hombre, “natural de la Nueva Orleáns, en la América septentrional”, sucedida en Vilasantán, en veintiséis de junio del año mil ochocientos diecisiete. ¿No os parece un extraña decisión, eso de cambiar las aguas del Misisipi, por el río Neira?  Es cierto que Nueva Orleans había sido española, tiempo atrás. ¿Pero sería esta una razón suficiente, para justificar su presencia, en este rincón de la provincia de Lugo?  Tenía que haber algo más…¿Quién era realmente? ¿Un peregrino despistado, amante de lo “vintage”, que había seguido la mítica via Künig, ahora en desuso ? ¿O un hipster del S.XIX, de esos que en las guías Lonely Planet , siempre se apresura a buscar en la sección llamada “off the beaten path”? ¿O acaso, un esclavo huido de alguna plantación de azúcar?     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dicen los libros que, a José de Begné, que así se llamaba, se le administró la penitencia y la extrema unción, pero no la comunión, probablemente debido a los vómitos. Y se le enterró, en la iglesia “del medio abajo”. Se hizo así, porque en la parroquia de Santiago de Covas, se seguía manteniendo la insalubre costumbre de enterrar a los muertos, dentro de las iglesias, a pesar de que la Real Cédula, dictada en 1787 por Carlos III, lo prohibía. Ahora ya sabéis, que en la pequeña iglesia románica de Santiago de Covas, con su bonita entrada porticada, estuvo enterrado un hombre que vino de lejos. Estoy deseando visitarla y caminar por su interior, para sentir  las poderosas aguas del Misisipi, bajo mis pies.   

 

 

 

¿Qué palabras susurró nuestro misterioso hombre en su lecho de muerte, al sacerdote que le asistía?  Dijo que era viudo y tenía un hijo. Y que su profesión era la de «medicinar enfermos». No detalló, la relación de remedios y técnicas que utilizaba, porque en su soledad y a miles de kilómetros de la tierra que lo había visto nacer, precisaba auxilio espiritual.    Tuvo miedo a ser juzgado, en ese momento crucial, por sus saberes ancestrales, de origen pagano. Expiró…. El entierro fue sencillo y de caridad, “por no hallársele herencia”. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo asombroso de este asunto, es que encontré a José de Begné, cuando investigaba a una familia con raíces en Baralla, en la que muchos de sus miembros emigraron a Francia y en la que varias personas trabajaron o trabajan todavía, como profesionales de la salud. Quizás bastó con repetir, durante generaciones la historia de aquella abuela (¿o era bisabuela?), que siendo niña  sobrevivió a una muerte segura, gracias a la generosa intervención de un  médico extranjero. Este cuento generó en la familia, una querencia por el acento francés y por la medicina. Y se materializó más tarde, en viajes migratorios a Francia y en batas verdes y blancas. En las familias, hay mandatos de amor y de odio. Este, sin duda, era un mandato de amor, que decía así: «Sed como Don José «.   

 

 

 

 

¿Te has preguntado alguna vez, si el lugar en dónde vives o tu profesión guarda relación, con alguna experiencia de vida anterior? ¿Te has parado a pensar si las decisiones que tomas, obedecen a mandatos inconscientes?   

 

 

 

 

 

4 Comentarios

  • Raquel

    23.07.2019 at 10:12 Responder

    Eu creo firmemente no poder das raices e da terra na q se asentan, a través delas recibimos enerxías de persoas e tempos pasados, recibimos certezas e seguridades, tamén inquedanzas. Somos ramas da mesma árbore polo tanto todos están en nós e nós estamos neles, iso produce responsabilidade pero tamén paz. Logo as raices crúzanse con outras e novas sangues corren polas veas do porvir e cada experiencia de hoxe seguramente ten un pequeno ou gran xerme nas experiencias de outros q antes ca nós deixaron a súa pegada neste chan .

    • bisagras

      25.07.2019 at 17:54 Responder

      Bonita reflexión, Raquel!!

  • Susana Piensos Linares

    25.07.2019 at 22:04 Responder

    Con esa convicción empredemos a búsqueda…e facemos revivir aos nosos ancestros, tentando saber que hai deles en nós…con emoción e un pouco de medo tamén…pero é unha viaxe sen retorno, na que colles unha estrada que te irá facendo desviarte por outras e outras sen saber que encontrarás en cada unha delas…

    • bisagras

      06.08.2019 at 11:53 Responder

      Unha bonita viaxe, non si?

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