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EL REGISTRO CIVIL. LA DIGITALIZACIÓN QUE NO LLEGA

Hoy es lunes, tres de julio, y me dispongo a solicitar varias certificaciones de nacimiento, matrimonio y defunción, al registro civil. Para algunas localidades, utilizo la sede electrónica del Ministerio de Justicia (http://www.mjusticia.gob.es) y para otras más pequeñas, simplemente llamo por teléfono para preguntar si trabajan con la plataforma del ministerio. En caso negativo, hago la solicitud directamente por teléfono o a través de correo electrónico.  El plazo de envío es de un máximo de quince días y suele hacerse por correo postal.  Soy una de esas personas que todavía experimenta emoción, cuando abre el buzón de su casa. Me gusta ver como por su ventana, asoman los sobres amontonados, procedentes de cualquier rincón de la península. Eso quiere decir, que la investigación seguirá avanzando, y que podré seguir teniendo, un pequeño hilo del que tirar.

 

 

 

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Otras veces, las respuestas negativas me obligan a rediseñar mi estrategia de búsqueda. A veces ocurre… Hace años que busco la partida de matrimonio de  mis bisabuelos maternos, a pesar de haberla solicitado en varias localidades. Algo me hace pensar que se casaron en secreto, lejos de miradas extrañas, porque había algo prohibido en su historia de amor.  En otras ocasiones, las certificaciones que busco no aparecen, porque las inscripciones no se hacían, bien por descuido de la familia, de la persona a quien se le encomendaba practicar la inscripción o del propio registrador. La casuística es variada, aunque no sé porqué, vienen a mi mente, las míticas palabras de la canción “Volando Voy” de Kiko Veneno, que dicen eso de “volando voy, volando vengo, por el camino yo me entretengo”. Cuando la inscripción no se había realizado, siempre era posible hacer una fuera de plazo, a instancia de las personas interesadas. La semana pasada,  sin ir más lejos, he recibido la partida de nacimiento de una mujer que nació en 1911, pero que se inscribió en 1965, cuando solicitó la expedición de su DNI. La primera vez que una funcionaria de un juzgado de paz me dijo que no encontraba la partida de nacimiento que le solicitaba, desconfíe. Lo achaque a su falta de profesionalidad. Un mes más tarde, obtuve el expediente militar de esa persona y descubrí que se había practicado una inscripción tardía. La funcionaria había hecho bien su trabajo.

 

 

 

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¿Por qué cuento esto? Porque la reforma y modernización del registro civil lleva años, encima de la mesa. En la actualidad, el registro civil está integrado por los registros municipales a cargo del juez o jueza de 1ª instancia, asistidos del letrado o letrada de la administración de justicia, por los registros consulares, a cargo de los cónsules de España en el extranjero y por el registro civil central. Los registros civiles municipales principales son 411. De ellos, 16 son exclusivos, dedicados únicamente a esas tareas. Es el caso del registro civil de A Coruña, con el trabajo últimamente, de forma recurrente.  El resto realizan actividades registrales de forma parcial. Por último, están los juzgados de paz, que se encuentran en pequeñas localidades, y que realizan las mismas funciones por delegación. En la actualidad existen 7.667. El acceso a la información del registro civil es pública y gratuita, salvo excepciones.

 

 

En 2015, la gestión del registro civil estuvo a punto de ser traspasada a los registradores de la propiedad, en un proceso, que para un gran sector de la sociedad, fue entendido como una privatización encubierta. Finalmente, ese traspaso se paralizó, y se comenzó a trabajar en un nuevo modelo, en el que la gestión de los registros civiles, pasaba a ser competencia de los letrados de la administración de justicia y no se garantizaba la supervivencia de todas las oficinas registrales, que ahora existen y mucho menos de los juzgados de paz. Se creía que la reforma estaría lista para julio de este año, pero se ha pospuesto un año más. En definitiva, nada cambia por el momento, para los investigadores e investigadoras familiares, que precisen solicitar documentos y certificaciones  al registro civil. Seguiremos amando a los hombres y mujeres, que reparten el correo, y sintiendo un ligero cosquilleo en nuestro estómago, cuando nos acerquemos al buzón. También seguiremos conversando, con el personal de los juzgados de paz. Al tiempo que escribo esto, suena un aviso de wasap en mi teléfono. Es un cura de una pequeña parroquia de la provincia de Lugo, que me manda por wasap una foto de una partida bautismal. Pienso que “los caminos del Señor son inescrutables”.    

 

 

 

¿Has solicitado alguna vez documentación al Registro Civil, para tu investigación familiar? ¿Conoces la información que contiene cada uno de los certificados? ¿Qué has sentido al ver la letra temblorosa o decidida de tu bisabuelo? ¿O al descubrir que no firmaban, porque no sabían leer o escribir?     

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