ETIQUETAS FAMILIARES

UNA DE ETIQUETAS. MI SALUD, CONTADA POR MI MADRE

 

Cuando se anunció el estado de alarma, llamé por teléfono a mi madre, para saber cómo se iba a apañar. En esos momentos, yo tenía dudas de cual podía ser mi estado de salud. Así que me pareció prudente confinarme sola, en mi casa de Lugo.

 

 

Esa misma semana había viajado a Santiago. En el Archivo Histórico Diocesano, las personas que investigábamos habíamos buscado información en los ordenadores de la sala, para rellenar los formularios de solicitud de libros. Habíamos sido, varias personas tocando el teclado con sus manos. Al día siguiente, supe que una de las personas que había estado en la sala era italiano. En ese momento, las fronteras no estaban cerradas.

 

 

A mí regreso de Santiago, estuve una mañana en el Archivo Diocesano de Lugo. Aquí era casi imposible guardar las distancias, porque la sala es minúscula. Además, todavía no se había establecido, ningún tipo de protocolo. La tos seca de una de las investigadoras que se sentaba a mi lado hizo que saltasen todas mis alarmas.

 

 

Cuando hablaba con mi madre de esto y de la posibilidad de haberme contagiado, me espetó de repente: “Tú tranquila. No te va a pasar nada. ¡Tú siempre tuviste las espaldas anchas!”.  Continuó diciendo, que yo había sido redondita y grande cuando nací, nada que ver con mi hermana y hermano.

 

 

Como podéis observar, se me había colgado una etiqueta, que en tiempos de pandemia era tremendamente útil para mí.  Tenía una salud, a prueba de bombas de citoquinas. 

 

 

Yo era la sana, la fuerte, la que nunca se queja. No podía defraudarla. ¡Ya sabéis que las madres lo saben todo! La realidad es que yo me había amoldado a esa etiqueta, para no atormentarla.  ´

 

 

Así fue como elegí el camino de la salud, pero también el del silencio y la invisibilidad. ¡Y el de la disociación! He tenido que llegar a la edad adulta, para desaprender. Más vale tarde que nunca. Poco a poco, descubro la importancia de regresar al cuerpo y de escucharlo. De gritar a los cuatro vientos: “Yo soy”.      

 

 

¿Y tú? ¿Qué etiquetas te has colgado? ¿Has pensando en los pros y contra de llevar esa etiqueta?  

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