Esta Navidad, pon un allegado en tu mesa

ESTA NAVIDAD, PON UN ALLEGADO EN TU MESA

Esta semana se ha hablado mucho, sobre si es oportuno o no incluir a las personas allegadas, en nuestra lista de invitadas a las celebraciones navideñas.

 

 

Yo, por mi parte, aplaudo la decisión de las autoridades sanitarias, ya que en navidad tengo previsto reunirme con mi pareja, que reside en otra ciudad. Él es técnicamente, un allegado.

 

 

Según el INE, el número de hogares unifamiliares en España ha pasado de un 8,8 % en 1981 a un 25,8 % en 2019. Definitivamente, la sociedad española ha cambiado.  

 

 

Hay quienes piensan, sin embargo, que seguimos viviendo dentro de un fotograma de la película «Plácido» de Luis García Berlanga, en el que habría dos categorías de personas invitadas a la mesa: la familia y los «pobres» allegados.

 

 

 

 

 

ESTA NAVIDAD, PON UN ALLEGADO EN TU MESA

 

 

 

 

 

 

Los «pobres» allegados serían invitados de segunda, animales exóticos a quienes se les abriría la puerta de nuestras casas, casi por caridad. La familia por el  contrario, serían invitados de primera, que tienen el monopolio de los afectos.

 

 

Mi idea de familia no discrimina entre lazos de sangre y otros lazos vinculares, que en ocasiones pueden ser más sólidos aún, que estos primeros.

 

 

De hecho suscribo en su totalidad la frase del escritor sueco Henning Mankell que dice: «Nuestra familia es verdad infinita. Aunque no sepamos con quien nos estamos cruzando en la vida, en un instante brevísimo».   

 

 

El debate de estos días, también ha girado en torno a las dificultades para justificar de una forma eficaz, si la persona que nos visita es  allegada. ¿Quién es realmente un allegado? ¿Nuestra pareja, un ligue de Tinder, un amigo o amiga de toda la vida o alguien del vecindario, con quien hemos intimado, durante el confinamiento? 

 

 

Quien pone el foco sobre esto, olvida que tampoco es sencillo justificar, quien es familia. Dependerá del grado de parentesco o de si este es por consanguinidad o por afinidad. ¡En alguno de los casos, sería necesario llevar un árbol genealógico como salvoconducto, junto con todos los documentos probatorios!  

 

 

Sea como sea, la idea es que seamos prudentes y responsables en nuestras relaciones, sea con familia o con «allegados». 

 

 

Las autoridades han decidido por fin, confiar en nuestra responsabilidad individual. Me pregunto si esto quiere decir, que nuestra sociedad está hoy más cerca del modelo sueco, en el que las jerarquías ya no son tan importantes.        

 

 

 

¿Tú ya sabes quien se va a sentar contigo, esta navidad? ¿Habrá familiares o personas allegadas? ¿O quizás ambos? 

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